Ni mayo 68, ni la revolución francesa, ni el marxismo, cambiaron nuestras vidas como nos la cambio la revolución industrial. El cambio actualmente necesario debería de ser del mismo calado.

Esta exposición parte de esta premisa expresada en el libro de Jacques  Rancière, “el espectador emancipado”.  Las obras que aquí se exponen quieren representar los ritmos heredados de la revolución industrial. En nuestros días vivimos con ritmos que nos vienen de aquella época, homogéneos y repetitivos. Si bien aquellos cambios nos pudieron aportar bienestar,  grandes cambios tecnológicos y avances sanitarios, entre otras cosas. También nos aporto una forma de vida radicalmente marcada por los tiempos de la fábrica, que con el paso de las décadas se ha ido acelerando llevándonos a situación prácticamente binaria de trabajo y descanso, dejando poco sitio para otras cosas como la cultura y el pensamiento, solo por citar estos ejemplos que más no conciernen en esta exposición.

En este caso la Unesco me ha brindado la oportunidad de hacer esta exposición en una ciudad tan relevante para la revolución industrial como puede ser Alcoy. El patrimonio industrial se vive en cada esquina pero quizás muchas de las antiguas fabricas abandonadas se han convertido en “no lugares”, es decir espacios que existen pero ya no se miran o no se quieren ver. Es por ello que esta exposición no solo se va a ubicar solo en la sala de la Unesco sino que va a salir y ubicarse también en la entrada de varias fábricas para que la obra realizada y lo que la inspira se encuentre al mismo nivel de abandono y decadencia, y así mismo generar una metáfora sobre la necesidad de superar este modelo industrial en el que vivimos y que damos por intangible. Tampoco me quiero quedar con este mensaje que a priori puede parecer pesimista, sino quiero hacer hincapié en que la cultura es muchas veces ese elemento generador que vuelve a dar vida a estas fabricas, tomo por ejemplo muchos lugares de Alcoy o los ejemplos mostrados en el Libro “Espais recobrats”, de Ferran Pont y Teresa Llordes.

En definitiva os invito a ver la exposición en su globalidad, con la esperanza que pueda generar una reflexión y hacer su aportación en la problemática entorno a la recuperación del patrimonio industrial.

 

Jose Antonio Picazo

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